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The beauty of the world [Priv.]

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The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 5:43 pm

LONDRES
– Priv. Gilgamesh.





¿Qué había estado sucediendo?

No tenía realmente recuerdos claros de todo. Y probablemente tampoco deseaba hurgar demasiado en sus recuerdos para poder llegar más lejos, en los últimos momentos de su vida quizás. Eran recuerdos que, realmente habría preferido dejar vagar en una parte ajena de su mente pues si bien era un ser hecho de barro, la humanidad seguía corriendo por sus venas desde aquél entonces, los sentimientos, tanto alegres como tristes, resonaban en él como lo hacía la misma naturaleza. Pero debía recordar ¿Cierto? Lo que había sucedido, los sucesos que acontecieron después de aquello, su vida avanzando como un alma atrapada en algo mucho mayor que su propio tiempo, su propia, corta, historia.

No se percató de hecho, cuando fue el preciso momento en que aquella luz lo engulló ¿pero de donde? Tampoco se percató del cambio de escenario, de lo que ante él se estaba empezando a mostrar. Eventualmente la misma luz se manifestó en un lugar diferente, en el mundo de los vivos, allí donde los humanos respiraban y seguían con sus vidas diarias con la mayor tranquilidad posible. Y allí, en medio de una noche Londinense cualquiera, un haz de luz se manifestó bajo la enormidad de un puente, quizás la suerte quiso que nadie prestara su atención en ese preciso instante, en ese preciso lugar, o que las horas fuesen demasiado altas como para que alguien mirara con atención un punto cualquiera, poco importante. O probablemente, si alguien lo hubiese visto, lo habría considerado un relámpago golpeando contra algo de metal; despuús de todo el cielo amenazaba por llorar.

Pero no; realmente no fue así. Cuando aquél destello desapareció, allí, en medio de la nada dejó una figura humanoide, probablemente su propio atuendo permitía que resaltara en medio de la oscuridad. Bata blanca que se balanceaba ante cada soplar de viento y un largo y liso cabello color verde; sí, probablemente aquello fuese lo que más llamara la atención: cabello verde, evocando la hierba del bosque, las hojas en los árboles más jóvenes. La pequeña figura, delgada, de ropa demasiado holgada como para poder diferenciar a ciencia cierta si se trataba de un hombre o de una mujer abrió los ojos con calma, igual de verdes que su propio cabello. Y fue allí que se apoderó de él el desconcierto. Pasada la sorpresa inicial de verse en un lugar diferente al Trono de los Héroes, se apoderó de él la sorpresa de encontrarse en un lugar desconocido.

Probablemente movido por la inocente emoción de quizás estar nuevamente en Uruk, o la misma curiosidad latente de un ser con emociones, apresuró sus pasos descalzos para salir de debajo de aquél puente y buscar algo, cualquier cosa, que pudiese servirle de indicio. Pero no encontró necesariamente lo que buscaba, ante él, palacios oscuros se levantaban hasta tocar el cielo y al lado, un monumento aún más alto resplandecía en la noche, el Big Ben era algo que, siquiera en sus más extrañas imaginaciones habría llegado a ver. Maravillado y desconcertado a partes iguales, pero sin querer reflejar demasiado en sus facciones, volvió a moverse.

Apresuró el paso hasta casi convertirlos en una pequeña carrera, subió los escalones de dos en dos y volvió a parar de golpe, realmente en un lugar erróneo. Había escuchado algo, un sonido particular, que a nada se asemejaba a lo que alguna vez había oído y ante él, unas cajas de metal con ruedas pasaron disparadas, tan rápido que incluso eran capaces de generar viento. Entreabrió sus labios, casi como si desease decir algo, pero no fue así, solo calló nuevamente, sin encontrar realmente palabra que fuese digna de decir.

Frunció el ceño en escuchar un pitido a su lado, y al voltear su mirada, una de aquellas cajas de metal tan desconocidas para él se dirigían en su dirección, incapaces probablemente de frenar ante su repentina aparición. No lo culpen pero, las normas de tráfico no eran algo que pudiese entender así como si nada. Aunque sí podía ser cierto que, una presencia inminente le pareció sentir no muy lejos de allí.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 5:45 pm

Londres, hermosa y nocturna ciudad cuyas calles estaban adornadas con las más lindas y decentes edificaciones, a pesar de tener un paisaje nocturno en un encuentro predestinado, la vista era simplemente magnánima. Una ciudad realmente digna de tener el lujo de recibir a aquel ser que representa toda perfección, el prototipo de la humanidad, un ser que se ha descrito en el poema más antiguo de la historia, como un ser simplemente perfecto. El limbo entre la humanidad y lo divino, dos tercios de dios y un tercio de humano. Así se podría describir al Rey de Héroes. El destino era un ser caprichoso sin lugar a dudas, los dioses los habían separados y ahora la historia los haría reencontrarse. Aquel ser que el Rey era capaz de considerar su único amigo, había vuelto. Solo que éste no lo sabía, ignoraba totalmente su presencia. Dichoso azar, Gilgamesh rondaba la ciudad de Londres como su última parada en su “escape”, habían sido días ya que había tenido una fuerte pelea con su Master, inclusive al punto de hacerla sentir mal por sus palabras y realmente no tenía intenciones de volver por el momento, sin embargo, entre toda la información que pudo reunir en su caprichoso viaje, había logrado escuchar por diversos medios de una dichosa “Torre del Reloj”. Por lo cual, tras haber logrado hacer que un par de personas hablasen a punta de amenazas de muerte, su investigación rindió frutos, habían llegado a la conclusión de que la torre de reloj más famosa en el mundo actual era el Big Ben. Realmente deseaba ver con sus propios ojos qué era aquello que había llegado a sus oídos. Pero parecía ser que esa no sería la noche en la que sus deseos de conocimiento serían saciados, sin embargo, sería una noche que no sería capaz de olvidar.


El aspecto físico del joven era una hermosa melena rubia alzada como flameantes llamas, unos profundos pero espléndidos ojos de color carmesí, cuyo color solamente podría ser igualado con el color de la sangre. Su rostro era verdaderamente agraciado, su físico podría denominarse como un cuerpo de proporciones doradas. En el aspecto físico, el varón era perfecto por donde se le viese. Cabía destacar que su fina vestimenta era un mero potenciador que hacía relucir más a tan magnánimo ser.
Un elegante saco con estampado de leopardo cerrado a su abdomen con un único botón, solo aquello bastaba en la elegancia de dicha prenda. Debajo, una camisa formal de color negro, cuyo color era compartido por su pantalón y por su calzado. Era evidente que la extravagancia se daba en su vestimenta a partir de su saco, sin embargo, el varón lucía realmente magnífico. Unos pendientes hechos de oro colgaban de sus orejas, adornando finamente las mismas. Estaba por más decir que su sentido de la moda era simplemente espléndido y que cualquier cosa que vistiese se vería de una manera excepcional en él a causa de su hermoso y perfecto físico.

Su andar por las calles lo llevó eventualmente hasta un puente por el cual solían cruzar muchos automóviles, la acera era el mejor lugar para caminar sin que aquellos vehículos se vieran interferidos en su recorrido, al menos por parte del Rey, sin embargo parecía que el destino tenía otros planes. Todo fue tan rápido que tratar de dar detalles de lo mismo sería un poco complicado, sin embargo se podía mencionar que uno de los automóviles chocó de una manera tan brusca con el otro que tras un par de vueltas, se acercaba uno de ellos rápidamente a la única persona que yacía en ese puente además de él. Un peliverde que realmente no alcanzaba a distinguir muy bien a causa de que la distancia. Desconociendo si fue el destino o su parte humana hablando, pero no podía permitir que aquel ser resultase herido. Fueron solo dos portales de color dorados que se movían en un leve vaivén expansivo los que se formaron enfrente del rubio y de los mismos dos partes de una larga cadena salieron casi disparados. Apenas logró rodear con las mismas al ente y retraer su tesoro para sacarlo de aquel desastre. Para fortuna de todos, ninguna persona en los vehículos había resultado herido de gravedad o algo peor. Las cadenas eventualmente fueron desapareciendo en una estela de polvo de color dorado, junto con los portales que había creado. El Rey estaba algo irritado, ya que había tenido que intervenir para salvar una vida, sin conocer que había salvado más que una vida común y corriente.

-¡Zasshu! ¡Deberías estar agradecido de que estuviera aq--

No logró terminar la frase, ya que avanzaba a paso largo con cada palabra que decía, hasta que finalmente quedó a escasos dos metros, lo reconoció casi al instante, aquel cabello verde y ese ropaje sin lugar a dudas se trataba de él. Últimamente no había podido dejar de tenerlo presente en algunos pensamientos a causa del aburrimiento y en parte soledad que podía llegar a sentir ahora en aquel mundo. Se detuvo en seco, su egocentrismo e indignación se habían esfumado cual neblina con una fuerte ráfaga de viento.
¿Tal era el capricho de la vida que los había vuelto a reunir solamente para continuar con aquella Epopeya?

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 5:59 pm

Demasiado tarde se dio cuenta que el sentimiento que 10 envolvía era nostálgico, que aquella presencia la conocía y quizás demasiado bien. Que había pasado realmente muchas aventuras en compañía de aquél ser. Pero, nuevamente se le adelantó.

Cuando las cadenas 10 rodearon, sonrió como quién acababa de recibir un indicio incuestionable y si bien habría podido oponer resistencia, simplemente permitió que le sacaran de aquella inquietante situación que de por si no era como si entendiese mucho. Posó ambos pies en el suelo, un movimiento grácil y silencioso, como si su intención no fuese lastimar el suelo con toscos movimientos. Pero no estaba en un bosque, 10 notaba por el frío peatón bajo sus pies. Echó hacia atrás su cabello, colocando una verdosa hebra detrás de una de sus orejas y al mismo tiempo volteó hacia la voz que estaba resonando.

¿Agradecido, eh? Sonrió, levantó un poco su cabeza, aquél hombre era considerablemente más alto que él. Sus ojos esmeraldas se fijaron en los carmines ajenos, tan brillantes como la mismísima sangre, el mismo fuego o incluso el más brillante de los rubís. Y lo reconoció al instante ¿cómo no hacerlo? Aquél porte regio, aquella cabellera como si fuese la cresta de un león. Su misma esencia. Al parecer, después de largos años, quizás incluso siglos, su propio sueño había sido concedido, quizás por el juego rebelde del propio destino, o de los mismos dioses.

Y ante él, su viejo amigo estaba de pie, tan diferente a aquél entonces, pero tan semejante también— Gilgamesh, mi Rey —No, no era eso del todo— mi viejo amigo —Su sonrisa se suavizó. Muchas veces se había preguntado qué asaría de volver a verlo después de tanto tiempo, después de aquella súbita muerte suya. Y ahora, oh, ahora incluso el muñeco de barro se quedaba sin palabras. Cerró sus ojos, rió en bajo— Supondré que no me reconociste en un inicio —Y solo allí sus ojos volvieron a abrirse.

Miraron al Héroe de los Héroes con la nostalgia y la calma de alguien que, con el pasar de los años se había acostumbrado a la fuerte personalidad de aquél hombre y 10 entendía, entendía y compartía su soledad, la de medio Dios demasiado lejano a su lugar de origen, de su historia. Pero no dudaba que Gilgamesh hubiese encontrado algo interesante incluso en aquella época para él desconocida— Y aún así me salvaste. ¿Comenzaste a cambiar un poco, Gil? —Y tras la broma inicia, su mirada se volvió a suavizar, volvió a sonreír al héroe con cariño— estoy agradecido con la suerte por haberme permitido volver a aparecer ante ti después de tanto tiempo, mi querido amigo —No lo olvidaría, su más grande temor al abandonar aquél mundo.

Quizás decir que sería uno de los únicos capaces de entenderlo en aquél entonces había sido egoísta y atrevido, no sabía ni quería preguntar como había transcurrido su historia después de aquello, como había llegado a morir para estar ahora allí, ante sus ojos. En Uruk, una maldición de muerte le había hecho cerrar por siempre sus ojos— No es Uruk, ni tu eres mi Master —Después de todo ellos, los Servants, llegaban en el mundo de los vivos por invocación de sus señores, eso era algo que sabía bien. E ignorando los coches seguir pasando, las alarmas de las ambulancias acercándose. Rompió la distancia entre ambos, paró ante él, firme— Y empieza a preocuparme que el mundo haya sido llenado de ciudades como Uruk y los bosques hayan desaparecido... Pero...

Gil... Realmente te eché de menos durante todo estos siglos —Y era una verdad incuestionable aquella. Como decir que el sol brillaba y producía calor, como decir que los árboles llevaban oxígeno. Pero ¿cuál sería la real intención de los Dioses con todo aquello?

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 6:01 pm

En aquel momento simplemente se quedó sin palabras. Hace miles de años, él creía haber perdido lo único que quería en el mundo, creía que pasara lo que pasara no podía empeorar más, había perdido al único ser que era capaz de estar con el de manera incondicional y por ello es que su Epopeya tenía una continuación trágica posterior a la muerte de aquel individuo que podía llamar orgullosamente su mejor y único amigo. Era irónico, un ser tan divino y perfecto como él, que en vida fue considerado posiblemente el mayor tirano de babilonia, se había comportado de una manera tan humana, de una manera que no dudó ni un solo instante para intervenir en la vida de otro ser para evitar que algo pudiera pasar.

Simplemente estaba sin palabras, incluso aunque quisiera decir un millón de cosas, la sorpresa el impacto de tener a aquel sujeto enfrente suyo harían que eso no fuese posible, al menos no por ahora. Sería por mero instinto que él avanzó un par de pasos más, así la ya de por sí corta distancia que había entre ambos, sería reducida eventualmente. Las cadenas que había usado para quitarlo de un terrible accidente eventualmente comenzaron a desaparecer en una estela de polvo dorado, el cual poco a poco se fue difuminando como si fuera un susurro del viento el encargado de eliminar la presencia de dicho objeto. Era un momento con tantas emociones de por medio para él, por una parte sentía la necesidad de hacer algo tan humano, pero al mismo tiempo algo tan bajo que no lo haría. Quería llorar por poder ver a su mejor amigo una vez más, sin embargo no lo hizo, no permitiría que él se hiciera una imagen errónea de él, a final de cuentas, su egocentrismo predominó nuevamente. Aunque o del todo, cabía destacarse, ya que una vez más avanzó, solo que con un poco más de prisa. Hasta quedar a menos de medio metro de él, aquellas palabras musitadas por el contrario no ayudaban en nada, sentía que cada vez aquel lado humano que poseía, saldría a flote. No le molestaba eso con su mejor amigo, sin embargo, después de tantos años, era algo ya no sabría cómo controlar si lo volviese a experimentar.

- Enkidu... ¿qué estás...?

No pudo terminar la frase, lo último dicho por el peliverde lo hizo simplemente fallar en su intento por controlarse. Realmente aquel momento era demasiado emotivo, inclusive para aquel ser tan arrogante y egocéntrico, aquello era simplemente demasiado. No sabía cómo, pero cuando se dio cuenta ya había avanzado hasta él y sin ningún tipo de aviso previo lo abrazó. ¿Una muestra de afecto? ¿Realmente el Rey de héroes estaba dándole una muestra de afecto a alguien? Sí, aquello estaba sucediendo. Aquel denominado muñeco de barro sin lugar de dudas había trascendido en la historia, al menos, en su historia. ¿Cuántos años habrían pasado desde que en vida había hecho aquello? Sin duda alguna, era más tiempo del que cualquier héroe podría contar. Una historia en la cual los dioses buscando terminar con la existencia del Rey de Héroes, terminaron dándole lo único que realmente quería en la vida. Un ser con el cual compartir su vida, con el cual estar y ahí estaba una vez más, ahora entre sus brazos.

-Yo también te he extrañado tanto


Solo aquellas palabras salieron de su boca, casi como un susurro. Agradecido a la existencia misma por haber sido dichoso de tener una oportunidad de poder estar con él una vez más. Sus hermosos ojos se cerraron y sin siquiera preguntarle si podía, le atrajo un poco más hacia él conforme lo abrazaba. Era extraño, era un deseo egoísta. Sin embargo no era su típico egoísmo de Rey, sino que, se trataba de un deseo que evidentemente brotaba de su parte humana, el deseo de poder estar con él una vez más y mostrarle las maravillas que aquel mundo poseía. Tenían tiempo, fuese mucho o poco, el disfrutar del mismo juntos sería algo que el rubio estaba dispuesto a hacer. Era agradable, ese sentimiento tan cálido en su pecho, que no había sentido en siglos se había manifestado de nuevo. Ya no se sentía solo, ya no se sentía incompleto.

Solo aquellos que han sufrido los estragos del tiempo y de la historia serían capaces de describir aquella sensación, aquel sentimiento que brota del alma y que hace sacar aquella parte que se creía que la historia y la muerte, habían borrado. Si fuese ese el caso, no se podía estar más equivocado, los lazos perduran por la eternidad, incluso después de la muerte siguen ahí.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 6:05 pm

"Quería... Seguir viendo el mundo contigo"

Aquél antiguo deseo chocó contra él como un soplo de viento helado. Helando su cuerpo, helando su sangre, helando el tiempo que aparentemente no había dejado malla en ellos. Seguían iguales, seguían siendo las mismas personas, con los mismos sentimientos, con los mismos recuerdos y deseos. O al menos, él creía seguir siendo el mismo, él creía que Gilgamesh, más allá de su atuendo peculiar y conforme al momento, seguiría siendo el mismo que la última vez que 10 había visto, hacía ya milenios.

Y si quiso fingir que nada de todo aquello le importara, que quería seguir charlando como con un amigo que hacía relativamente poco acababa de ver, la reacción de su amigo no se lo permitió. Recordó aquellos últimos instantes a su lado, en Uruk, cuando con pesar se dio cuenta que aquél aliento obsequiado por los Dioses habría sido drenado por los mismos, cuando se dio cuenta que sus ojos se cerrarían por la última vez y no volvería a verlo, cuando se dio cuenta con horror que, su amigo volvería a la triste soledad de la que había intentado, quizás sin siquiera darse cuenta, salvarlo.

Un medio Dios, un rey tirano, caprichoso, arrogante y orgulloso, un rey temido por su pueblo, un rey caprichoso cuyos deseos estaba acostumbrado que se le cumplan en un parpadeo… El triste destino de un rey estúpidamente fuerte, contra quién nadie se atrevía a levantarse. Había confiado en su inocencia de ser creado para igualar a un Dios, que permanecer a su lado aminoraría un poco de su carga, que lentamente se volvería más cercano a su gente, a un lado humano que inevitablemente latía en aquél corazón de medio deidad que el otro poseía.

Sonrió para si mismo en cuanto fue atrapado por los brazos ajenos en aquél abrazo. Por un instante no se movió, ante sus ojos de un verde esmeralda, las imágenes tan nostálgicas de hacia tantos años atrás pasaron ante ellos. Sus aventuras, las risas y las tormentas por las que habían estado pasando. Sus últimos momentos de vida, sus miedos y su naciente odio hacia los Dioses y su injusticia, sus caprichosos deseos.

"¿Quién te entendería después de mi muerte? ¿Quién más marcharía a tu lado? Mi amigo cuando
pienso en que vas a vivir solo de ahora en adelante, no puedo evitar derramar lágrimas …"

Esas habían sido, eventualmente, una de sus últimas palabras a Gilgamesh, esa había sido, la última vez que derramó lágrimas. Y ahora, después de todo aquél tiempo, volvía a estar ante él, volvía a sentir su presencia ante él, el latir de su corazón que hacía mucho tenía que haberse detenido. Enkidu cerró sus ojos, enterró su cabeza en el pecho de su amigo y, finalmente se movió, ignorando el desastre que estaba sucediendo a su alrededor, extendió sus brazos y a su vez, rodeó la espalda del rey, le abrazó como hacía mucho no lo hacía.

Y al final, probablemente las lágrimas volvieron a derramarse por sus ojos, él que siempre se había considerado un muñeco de barro, una mera arma al servicio de los Dioses, al final probablemente era mucho más cercano a los humanos de lo que él mismo podía imaginar. Esas en cambio… ¿Qué serían? ¿Lágrimas de tristeza? No… Oh, no, era un sentimiento diferente y aun así, difícilmente se sentía capaz de descifrado. Gilgamesh tenía una peculiar esencia a ciudad, vino y a los nostálgicos jardines de Uruk y probablemente aquello le hizo sonreír de nuevo.

Su deseo, pero, había sido cumplido— Realmente... Le estoy agradecido al cielo por una segunda oportunidad —Por muy extrañas que sonaran aquellas palabras, era así. Sonrió con suavidad, ensanchó por un instante la sonrisa en sus labios y pasó la manga de su blanca túnica por sus ojos, retirando las rebeldes lágrimas— Creo que... Tenemos cosas que contarnos ¿No, Gil? —Volvió a obsequiarle una tranquila sonrisa. No volvería a irse, los Dioses ya no tenían derecho de interferir en su vida, corta o larga, lo que llegase a ser en aquella ocasión.

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¡¡Muchas gracias por la hermosa firma, Gil!! ♥️

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 6:10 pm

Divino momento en el que ambos podrían encontrarse tras siglos de estar separados. Los cielos finalmente habían escuchado las peticiones de ambos, una vez más, Gilgameh y Enkidu estaban juntos, esta vez no habría forma de que los separaran. Su vínculo permanecería para la eternidad y ni la muerte misma sería capaz de romperlo. La historia se escribió y ahora una vez más, se había cambiado la página para comenzar con aquellos relatos que ambos pasarían juntos. Aquel momento sería algo que resguardaría en su memoria, no importa lo que pasara. No importa todo aquello que tratase de separarlos una vez más, ahora él no permitiría que le ocurriese nada a su amigo.

Notó aquellas lágrimas provenir de los ojos de su amigo, ante lo cual llevó sus manos hasta las mejillas de él para usar solo usar las yemas de sus dedos pulgares para evitar que aquellas lágrimas recorrieran el resto de su rostro. Después con las mismas, limpió un poco sus cristalinos ojos que yacían humedecidos. Aquello era un gesto de nobleza de su parte, realmente esa persona de cabello verde hacía salir un lado de él que jamás le mostraría a otra persona. Quizás a su Master, ya que por alguna razón le encontraba cierto parentesco con su mejor amigo, sin embargo eso era un tema sin importancia por el momento.

Reaccionó. Enkidu estaba llorando y solamente se le pasó por la cabeza que quizás le había incomodado por aquella muestra de afecto, independientemente de que era su mejor amigo, no deseaba tomar una posición que resultara incómoda para él y mucho menos llegar a hacer algo que lo hiciera sentir mal. Por lo cual lo mejor que pudo hacer en ese momento fue separarse solo un poco del abrazo, mas no tomaría distancia del peliverde. Su compañía era grata, lo hacía toar una actitud hasta cierto punto humana y de serenidad que era muy extraña de ver en él. Cuando se separó, notó como él terminaba de limpiare los ojos de aquellas lágrimas, aquello lo hizo sonreír de una manera muy tenue, realmente aquel sentimiento de reencuentro le provocaba una gran nostalgia. A su memoria llegaron imágenes de ellos dos, compartiendo momentos y cruzando palabras, tanto en el palacio en Uruk como fuera de este. Esa nostalgia era indescriptible, sin embargo no estaba triste por ello, se alegraba porque ahora podría compartir y crear nuevos momentos a su lado.
Ciertamente, si fuera otro tipo de persona, unas lágrimas hubieran salido de sus ojos, sin embargo en aquel momento eso no ocurrió, guardó su compostura en todo momento, sin embargo aquella pequeña sonrisa que se había dibujado en sus labios no se borró. No habría forma de que se borrase en ese momento. Todo parecía tan perfecto hasta que volvió a la realidad. Las sirenas irrumpieron el momento entre ambos y lo hicieron darse cuenta de que no estaban en el lugar para cumplir con lo que él le había pedido. Ciertamente había tantas cosas que deseaba contarle, sin embargo por el momento debían de esperar.

-Ven aquí un momento, tenemos que irnos o se hará un alboroto mayor.

El rubio comprendía perfectamente bien la situación, sabía que no podía permitirse ser el centro de atención enfrente de los humanos, su vestimenta si bien era cierto que relucía sobre el resto, hasta cierto punto era un modo de no llamar la atención. Sus viajes por el mundo lo habían hecho recopilar información, por lo cual ahora sabía que a pesar de su extravagancia y egocentrismo, lo mejor para él era mantenerse al margen de todo. Ciertamente era una actitud que él tomaría, no tendría la necesidad de intervenir en nada ni con nadie a menos que él lo considerara necesario o aquella mujer lo pidiese.

Sin más tomó por una de las muñecas al peliverde y comenzó a avanzar rumbo contrario a aquel accidente, su rumbo también había cambiado, cada vez parecía alejarse más de aquella gigantesca torre de reloj. Si bien había sido la razón de por qué había visitado Londres en primer lugar, ya no lo era. Había perdido todo el interés de siquiera hacer contacto con lo que hubiese ahí. Su amigo era más importante que todo. Su apresurado andar lo llevó hasta el parque St. James. Era el más cercano, pero también creyó que aquello sería grato para su amigo. En sus adentros la naturaleza reinaba. Los árboles lucían majestuosos, había una impresionante cantidad de agua. Aquello era el escenario que estaba seguro le encantaría a su amigo. Apenas tuvo la oportunidad le soltó por un momento y se giró para volver a quedar de frente a él.

-Perdona si no es de tu agrado, no conozco bien el mundo actual y por ahora esto es lo mejor que puedo ofrecerte, mi amigo.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 6:10 pm

Sonrió. La última vez que Gilgamesh había estado tan cerca de él, que había limpiados sus lágrimas, había sido cuando la vida se escapaba de su cuerpo como el agua de un arrollo. Probablemente fuesen cosas que prefería no recordar, pero que hasta cierto punto era necesario hacerlo para entender la indiscutible verdad: había vuelto.

Ese parecía ser al fin y al cabo un escenario de héroes, Dioses, herramientas rotas y profetas, todos ellos danzando sin son, buscando algo que probablemente en aquella ocasión no existiera. Su sonrisa en cambio no se esfumó, siguió igual de presente en sus labios incluso cuando el rey del mundo se alejó de él, dejó de abrazarlo. Y mentiría de decir que las sirenas y el escándalo que sucedía a su alrededor no había llamado su atención.

Era todo tan nuevo para él, que incluso se atrevería a decir que era desconcertante y si no fuese porque había luchado contra animales bendecidos por los cielos y había pasado por cosas que le habían inhibido todo tipo de temor, en una situación similar sentiría miedo probablemente. Pero, lo que en sus ojos se reflejó no fue más que sincera curiosidad al respecto.

Edificios que cubrían los cielos, humo de aquellas extrañas cajas que se movían, luces que no le pertenecían al sol y vestimenta tan extraña... Desvió su atención a Gilgamesh en cuanto pronunció aquello y simplemente dejó que le enseñara el camino, le siguió sin protestar como alguna vez había hecho, sonriendo con casi dulzura al ver su rebeldes cabellos y su espalda ante él. ¿Quién hubiese podido imaginar? Que seres que no deberían pertenecer a ese tiempo estarían reunidos de nuevo bajo la misma bóveda celeste...

Y cuando finalmente, pocos minutos después, logró vislumbrar el lugar donde aparentemente el rey quería llevarlo, sonrió nuevamente. Así que era eso— Yo conozco mucho menos de este mundo que tú, Gil —Terminó pronunciando al ser soltado como respuesta a su disculpa— gracias —Y en cuanto fue soltado, miró con atención a su alrededor.

Árboles que a pesar de la oscuridad, seguían iluminados por aquellas luces artificiales, sentía aun así la naturaleza, el canto de Gaia en el susurrar del arroyo y el viento entre los árboles— Es una grata sorpresa que no todo sean ciudades como Uruk y que aún hayan quedado espacios verdes como este — Comentó de la nada, sin intención de ofender, pero así había sido siempre.

Era sincero, terriblemente sincero, al menos, con aquél semidios lo era. Había visto sus lados buenos como también aquellos crueles y como alguien que en un principio había sido enviado para terminar con él, se había dedicado a observarlo. Con el tiempo pero, se había empezado a dar cuenta de la verdad: de lo que realmente era Gilgamesh, el rey de Uruk, de sus sentimientos puros, diferentes a los de los Dioses. El rey de Uruk poseía una existencia encantadora, de eso, incluso él, un títere, una herramienta rota, había sabido darse cuenta.

Por eso no temía volver a ser honesto con él como alguna vez 10 había sido. Después de todo, a pesar del tiempo interminable pasado en aquél lugar, en el trono de los héroes, para él no había sido más que un parpadeo. Volvió a fijar su atención en Gilgamesh, volvió a sonreír y al final, cerrando sus ojos durante un instante dejó que una suave brisa balanceara su cabello— Agradezco que me hayas llevado hasta aquí —Admitió— Comenzaba a preguntarme que era todo ese escándalo de allá atrás —Y con un gesto de su barbilla señaló hacia el lugar, volviendo a abrir sus ojos.

Ciertamente, no entendía nada de 10 que estaba sucediendo, ni del por qué había sido invocado en ese preciso instante, ni el motivo detrás de ello. A] final pero, se decantó por la opción más simple. Avanzó en dirección al Héroe de Héroes y le sonrió de lado— ¿Damos un paseo? —Permanecer quietos, no era una idea que le agradara del todo, no cuando casi todo llamaba su atención en ese lugar y no cuando tenía a su viejo y querido amigo a un lado.

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¡¡Muchas gracias por la hermosa firma, Gil!! ♥️

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 6:15 pm

Entre lo profundo de los árboles se podía escuchar los sonidos tenues de un par de aves. A pesar de ser media noche, parecía que la presencia de aquel ente peliverde los había hecho despertar y cantar de alegría. ¿Cómo no se iban a alegrar de verlo? Enkidu representaba el amor por la naturaleza, toda aquella pureza que el mundo podía ofrecer. Era un contraste muy peculiar pero al mismo tiempo muy agradable, Gilgamesh tenía un aroma a ciudad, a vino y a lujos innecesarios, sin embargo Enkidu era la esencia de la naturaleza. No había forma de que la misma lo rechazara. Y ello se manifestó cuando un par de aves se acercaron volando y tomaron reposo en los hombros del peliverde.
Suspiro de la naturaleza que con elegancia dejaba ver la majestuosidad de aquel escenario, cuya magnificencia a pesar de ser opacada por la urbanidad, se dejaba ver ante los ojos de los dos protagonistas que escribirían una nueva Epopeya en tiempos actuales. Bendita la gracia que había permitido aquel encuentro.

La paz reinó en el lugar, el rubio al escuchar aquella petición asintió solo una vez con la cabeza y comenzó a andar a paso lento justo al lado de su amigo. Aquello era agradable, había tanto que deseaba contarle en aquel momento, la noche aún era joven y no había ningún tiempo límite que le impidiera apreciar aquel momento. Cuando él mencionó el hecho que había formado aquel escándalo que habían dejado atrás, trató de formular rápidamente una explicación en su cabeza. Sus fugaces viajes a través del mundo le habían permitido ver que de alguna u otra forma estaba completamente prohibido que los seres humanos comunes y corrientes se enterasen acerca de aquella presencia de ellos como espíritus heroicos. Por lo cual, buscaba precisamente las palabras perfectas para que su amigo entendiera.

En ese momento recordó algo que ciertamente lo molestaba, la misma explicación que él estaba a punto de darle a su amigo, era la misma que había recibido de aquel sujeto hasta hace unos días antes de su "escape". Sí, de alguna u otra manera se había fugado del lado de su Master y eso al menos para él estaba justificado. La insolencia que él había considerado que ella había tomado era algo que no podía perdonar, por lo cual simplemente había decidido irse por su cuenta, no rompió el contrato con ella, solo que por ahora no deseaba permanecer junto a esos dos, se sentía sofocado.
No tuvo alternativa, muy a regañadientes tendría que explicarle de esa manera. Aquella sucia manera que lo irritaba, sin embargo la presencia de su amigo lo tranquilizaba y hacía que aquel momento amargo para él, fuera un poco más fácil de digerir.

-Los humanos no pueden saber que somos espíritus heroicos, mi viejo amigo. Desde mi llegada aquí, he vivido con lujos y comodidades, como el Rey que soy, sin embargo tengo que adaptarme por no hacer nada que revele mi existencia. El Santo Grial ha tenido un capricho y muchos de nosotros hemos caído a este mundo sin que exista una guerra presente. Desconozco la razón de eso, sin embargo no creo que importe a final de cuentas. Tanto tú como yo tenemos nuestro peculiar modo de vida juntos.

En aquel momento, no pudo evitar dejar que una amplia sonrisa se dibujara en sus labios. Tal como si estuviese viviendo aquello de nuevo, aquella escena en Uruk hace milenios, aquel momento en el que había conocido a su viejo amigo por primera vez. Aquello lo llenó de nostalgia y tan solo pudo negar con la cabeza, tratando de volverse a sí mismo a la realidad.

-No has cambiado en nada, incluso sigues usando los mismos trapos que hace milenios, mi viejo amigo. Aquel que ha logrado entender mi soledad y ha permanecido a mi lado. Aquel que luchó junto a mí, que disfrutó de la hermosa vista del palacio de Uruk, Nuevamente la vida nos ha unido, y si me permites decirlo, por un momento sentí que te vi cuando conocí a esa mujer, de alguna manera, tiene un cierto parentesco a ti, Enkidu, me hace feliz verte a mi lado de nuevo. Donde hay vida, hay muerte, así como el sol sale, se pone, esa es una verdad innegable, pero, tú y yo hemos roto ese ciclo y estamos de nuevo juntos. Hasta que nuestro sol se ponga de nuevo, quiero estar contigo, mi mejor amigo.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 6:19 pm

Parpadeó, por un instante desviando su atención de Gilgamesh al pequeño pájaro que había despertado para, de alguna forma darle la bienvenida. Desvió su atención hacia la pequeña ave en su hombro y con un gesto de la mano, le instó a que se subiera a uno de sus dedos, cosa que hizo. Movió grácil y suave, su mano hacia el frente, entre ambos— Así que, siguen queriéndome aún después de tanto tiempo... — Susurró en bajo.

Sonrió, solo sonreír podía. Acercó la pequeña ave a su rostro y le susurró algo antes de que esta saliese volando, dejándolos nuevamente solos. El silencio lentamente se dejó escuchar incluso en los árboles circunstantes, como si su susurro los hubiese calmado, o como si hubiese enviado un mensaje de tranquilidad mediante aquel pequeño ser. No era su intención la de inquietar a la naturaleza, hacerle tener un cambio drástico. Y fue entonces que volvió su atención a Gilgamesh, que comenzó a avanzar sin destino establecido.

Tan solo disfrutando de la compañía mútua.

Entiendo —Asintió ante sus palabras, su mirada se Viró al frente, hacia los árboles iluminados tenuemente por aquellos falsos soles— mi intención de todas formas no es caminar al lado de los humanos... Míralos, lo que consiguieron, imitar la luz del sol, crear transportes ruidosos que dañan el aire —Lo sabía a su manera, solo dirigiéndoles una rápida mirada— ellos no necesitan de mi protección —Sonrió, una sonrisa misteriosa, como la de alguien que en realidad quería decir más de 10 que estaba diciendo con
palabras.

De todas formas. Sabes bien que prefiero los bosques —Cerró sus ojos, sonriendo con suavidad antes de volver a centrar en el rey toda su atención— Conque por eso no fui invocado por un Master... En ese caso… ¿Por qué estamos aquí si no hay un Santo Grial que conseguir o un Master al cual servir? — El no poseía un deseo, su deseo ya había sido concebido con tan solo estar allí presente.

Pero, a pesar de todo tuvo que parar su avanzar, sus ojos se abrieron de par en par ante las palabras del rey...

“Donde hay vida. .. hay muerte. .. así como el sol sale , se pone. .. esa es una verdad innegable. . . ”

No había sido esa la primera vez que Gilgamesh le dirigía tales palabras. Las recordaba bien, eran tan nostálgicas, tan llenas de sentido para él que no entendía la vida y la muerte. Soltó una ligera risa, cerró sus ojos y juntó ambas manos detrás de su espalda, el viento balanceó sus blanquecinas prendas— Yo en cambio, te sigo siendo agradecido. Por haberme permitido ser tu amigo, a pesar de que en un principio haya nacido para poder terminar contigo —No lo había olvidado, era una herramienta rota de los Dioses que había descendido a la tierra para frenar al tirano rey que seguía aterrorizando su pueblo.

Después de todo, tuviste la paciencia de enseñarme los sentimientos humanos —Tales como la muerte, la tristeza. Con el pasar de los años los había ido aprendiendo, a pesar de no considerarse aún humano, solo una marioneta más— Pero, no entiendo tu queja... —Se miró, su prenda blanca, aquella que Gilgamesh había llamado "harapos"— Es cómoda... Pero creo que si voy a estar paseando por la ciudad humana, debería cambiar a algo más parecido... —Lo observó, negó— no a lo que tu llevas... Sino a los demás humanos... —Era extravagante, Gil siempre lo había sido.

Avanzó de nuevo hacia él, dándole un amistoso golpecido en el brazo— Pero... Aparecí sin saber nada de la época actual... Esos altos edificios... —Volteó hacia Gilgamesh— Cambiaré mi ropa por ti, así no seguiré usando "trapos" y no llamaré la atención de los seres humanos... Pero necesito ideas, no puedo recrear cosas que no conozco —Y le sonrió en disculpa, su querido amigo eso debía de saberlo a la perfección.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 6:22 pm

-No digo que sean trapos, sabes que ese tipo de vestimenta suele ir perfectamente bien contigo y con tu actitud humilde que, si bien no soporto en otros individuos, en ti resalta bien por ser mi mejor amigo, Enkidu.

Avanzó solo un par de pasos más que él, de esa manera quedaría justo enfrente de él y de esa manera tan solo se giraría para poder observarlo mientras sus labios dibujaron nuevamente una sonrisa en su rostro. Aquella compañía era realmente grata para el Rey de héroes. No demostraba arrogancia con él, no habría forma de que lo hiciera. Así como Gilgamesh le había enseñado a Enkidu la manera de ser de un ser humano, él le había enseñado algo también al Rey de Héroes y eso era el poner en práctica justamente la manera de ser. Era grato para él ser de esa forma, se sentía cómodo y no sentía la necesidad de hacerle sentir o ver que era inferior. Después de todo era su mejor amigo, por muy arrogante y egocéntrico que fuese en vida, había sentido el dolor de perderlo una vez. No permitiría que ese dolor se repitiese una vez más y con ello venía la apreciación del vínculo que había formado con el peliverde a lo largo de los milenios.

Al escuchar aquellas últimas palabras cerró sus ojos y su ropaje se iluminó solo un poco para proceder a desaparecer en una estela de polvo de color dorado como si se tratase de un susurro del viento. No quedó desnudo, no. Una nueva ropa fue tomando lugar conforme la anterior iba desapareciendo. Aquel nuevo conjunto realmente no parecía destacar y le daba un aspecto muchísimo menos extravagante. De no ser porque su amigo lo conociera y por su particular aura que se imponía ante cualquier ser vivo, podría ser confundido como un ser humano común.
Una chaqueta de color negro abierta del abdomen y debajo una camisa de botones de color blanca. Tanto el pantalón como el calzado permanecieron igual ya que lo que realmente destacaba de su vestimenta pasada era la parte superior de su dorso. Su cabello, apenas el conjunto anterior terminó de desaparecer, cayó y los pendientes en sus orejas procedieron a convertirse en polvo brillante. Realmente era un acto digno de apreciarse el cómo podía cambiarse de ropa con total facilidad. Sin embargo no solía usar muchos conjuntos, ya que solía ser algo quisquilloso con lo que llevaba puesto. A final de cuentas, era un Rey. Solo debía de vestir lo que él consideraba digno de usarse.

-Prueba con este conjunto pero con colores diferentes, estoy seguro que se te verá muy bien. A final de cuentas cualquier cosa que tú uses se verá bien en ti. Tienes ese extraño "algo" que no importa la manera en que luzcas, siempre te verás bien.

No pudo evitar soltar una risa sincera de diversión, quizás el haber pasado tanto tiempo con su amigo en vida había causado que este mismo adquiriera esa habilidad de él, ya que el rubio de igual manera con cualquier cosa que vistiese, por muy extravagante que fuese se vería bien.
Lentamente se acercó a su amigo y colocó su mano diestra sobre la cabeza del mismo para finalmente dar una suave caricia en ésta. Era un momento especial entre ambos, algo que ciertamente quedaría grabado en la memoria de ambos.

-No sé lo que habrá sucedido con el Grial pero. hay magos por todo el mundo, yo he conocido a una mujer, que es un tanto interesante. Debo de admitir que podría ser mi medio de entretenimiento personal ahora que estoy en este mundo, Enkidu. He hecho un contrato con ella. Aunque no le gusta que la llame de esa manera al parecer, parte de su vida me pertenece y parece que puedo decir lo mismo de la mía. Son extraños sucesos los que han acontecido la aparición de Servant a lo largo del mundo. Sin embargo parece que muchos de ellos, poseen un mago que los provea de maná.


Sus ojos se cerraron lentamente, volviendo a mover su mano en una suave caricia para su amigo.

-Ella se parece mucho a ti, creo que esa es la razón de por qué tuvo el privilegio de responder ante mí

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 6:29 pm

Después de todo, soy la herramienta rota de los cielos —Fue su excusa ante aquél adjetivo. ¿Humilde? ¿Cómo no serlo? Había aprendido a vivir entre los animales del bosque, había aprendido a entender a los humanos de la ciudad de Uruk, a su rey. Su mirada buscó la ajena y le sonrió con suavidad, como siempre.

Probablemente Enkidu no solía ser el tipo de ser que se hacía fácilmente amigo con los demás. No le gustaba resaltar, ni llamar la atención, no era como tal alguien hablador, sino más bien el que permanecía alejado del resto, tan solo observando. Probablemente se pudiese catalogar como un pacifista, a pesar de haber sido una bestia y aquella creación inicial aún existía en su ser, seguía gustándole poder luchar, y tampoco era como si lo negara con fervor.

Pero, tuvo que admitir que las acciones siguientes del rey lo tomaron desprevenido. Lo observó fijamente, mientras el polvo dorado se reflejaba en sus ojos abiertos de par en par. Probablemente cualquiera no fuese a creerlo, que el rey de los héroes haría algo tan mundano como intentar ayudar a alguien más, pero Enkidu lo sabía, quizás lo sabía mejor que nadie: que a pesar de las apariencias, el corazón de Gilgamesh no era tan tirano como muchos lo querían demostrar, como él mismo se hacía notar.

Sin poder evitarlo, otra dulce y nostálgica sonrisa se formó en sus labios— Probablemente sea porque puedo cambiar mi apariencia de quererlo. No todo iría bien con la actual... Pero si la cambio, las cosas difieren —Admitió en bajo. Fijó en el otro su atención, mirándolo de arriba abajo, hasta que volvió a encontrarse con sus ojos— Eso también te queda bien... Pero era de esperarse de Gilgamesh, el Rey de Reyes. Gracias —Entonces volteó a las calles principales su atención, allí donde a pesar de la hora, habían personas caminando bajo los falsos soles.

Fijó su atención en sus vestimentas, tanto en la de las mujeres, llevando oscuras faldas, como en los hombres, quienes más serios, quienes más rebeldes. Al final, tras una corta inspección, volvió su atención en Gilgamesh. Curiosa época, curiosas vestimentas. Pero, con eso en mente, procuró cambiar sus ropajes también.

Estaba hecho de barro, podía modificar el barro que le daba forma a algo totalmente diferente y eso había sido así desde el primer momento. Su holgado y blanco vestido fue perdiendo su forma, cambiando a algo más, al igual que los pantalones bajo aquella misma túnica y, en cuestión de segundos, su apariencia había cambiado. Una chaqueta marrón, abierta, debajo dejaba ver una camiseta blanca, simple y sus pantalones, largos y oscuros con pequeños líneas claras, casi imperceptibles. En sus pies al final, unos oscuros zapatos.

Levantó una de sus manos para observar la tela de la chaqueta y al final, conforme con lo que había hecho, volteó a Gilgamesh su atención— ¿Algo así? —Inquirió en bajo en busca de una aprobación. Estaba bastante cómodo en eso también, debía admitirlo. Pero al final, aquella misma mano que tenía extendida,
terminó creando un pequeño elástico que usó para recoger su cabello en una colita, probablemente esperando que el verdoso color fuese menos llamativo.

Y al final, cuando Gilgamesh se acercó para apoyar su mano en su cabeza, Enkidu no hizo más que cerrar los ojos. Realmente era así… Le estaba agradecido al cielo por poder volver a andar entre los humanos— En ese caso, estaré bien por un tiempo aún sin Master —Su energía provenía de la naturaleza, y si bien presentía que inevitablemente se metería en problemas, por el momento estaría bien incluso sin un Master.

Y aun así, nuevamente las palabras del rey lo tomaron por sorpresa. Era extraño que Gilgamesh admitiese a alguien más, y a pesar de todo… Avanzó un paso hacia él, levantó su mano y la posó sobre la mejilla del rey, al igual que el otro, en una suave caricia. Sus ojos buscaron los ajenos, como asegurándose de la inquebrantable seriedad de sus palabras, al final, cuando estuvo conforme, ladeó hacia un costado su cabeza, suavizando su sonrisa— Me alegro... Que hayas logrado encontrar a alguien más cuya existencia aprecies... —Habían tantos sentimientos removiéndose en su pecho ahora que podía permitirse recordar— y lamento haberte dejado solo... —Se refería a aquél entonces, cuando la maldición de los Dioses hicieron que su vida llegara a su fin, lenta y dolorosamente.

Y ahora... —Inspiró, el aire de esa ciudad sabía raro— tengo curiosidad por qué clase de mujer puede ser aquella que tanto llamó tu atención. Espero algún día poder conocerla —No se consideraba a si mismo alguien tan impresionante. Pero, sabía que aquella persona que le era Master de Gilgamesh, debía de tener algo particular para llamar su atención, de ello estaba seguro, más que nada.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 6:52 pm

Aquellos ropajes llamaron su atención, quien observara a su amigo a primera vista era evidente que podría llegar a confundirlo con una mujer. De hecho, si no supiese que Enkidu era… Enkidu, él podría llegar a pensar que se trataba de una fémina. Su rostro se inclinó un poco en ese momento, no podía negar que aquel conjunto de ropa en su amigo e veía e una manera más que magnífica. Estuvo a punto de acercarse para ayudarle con su cabello, ya que pensaba que se vería mejor recogido, sin embargo se le adelantó. Era curioso, era como si estuvieran conectados de alguna manera que incluso él podía prever lo que haría el Rey de Héroes. Y cómo no hacerlo, habían pasado gran parte de su vida juntos, el destino actuaba de una manera extraña pero gentil.
Se acercó un poco a su amigo, al acortar la ya de por sí corta distancia entre ellos, pudo tan solo levantar su otra mano, en ofrecimiento hacia él. Inicialmente Enkidu le había propuesto dar un paseo, ante lo cual Gilgamesh no había dicho nada, sin embargo era ahora él el que le ofrecía aquello. Una serena sonrisa en su rostro junto con sus ojos de color carmesí levemente entrecerrados daban un cierto toque de tranquilidad y paz en su rostro.

Mientras esperaba que su amigo aceptara aquella petición, un par de recientes recuerdos volvieron a su memoria, había tenido un roce muy fuerte con aquella mujer ante la cual debía de responder como su Servant; independientemente de que ella no se considerase a sí misma un Master o no le gustase ser llamada como tal, ello había sido causante de que durante los últimos días, Gilgamesh estuviera solo en un recorrido gigantesco por el mundo. La razón por la cual él había tomado un rumbo diferente al de ella fue que él se había molestado demasiado, se sentía hasta insultado por ello. Y al momento que Enkidu mencionó aquello, inicialmente lo irritó, pero cuando le mencionó que quería conocerla, simplemente se le enterneció el corazón. Era eso, era precisamente eso lo que había estado pensando durante mucho tiempo. Enkidu se parecía físicamente a su Master, no solo eso, también varios aspectos de sus personalidades coincidían, principalmente la humildad de ambos. No pudo haberlo notado antes a causa de que su amigo hasta ese momento se había hecho presente.
Se había calmado por completo, ya no sentía ningún tipo de resentimiento contra aquella mujer o contra el otro servant de quinta categoría que la acompañaba. Era una sensación de paz lo que podía sentir en aquel momento.

-Es una mujer extraña, pero decidida, es humilde al igual que tú, amigo mío, es realmente como si estuviera viéndote en vida, solo que, con el cabello castaño y con menor estatura.

Una divertida risa se escapó de sus labios en ese momento. Retiró su mano de la cabeza contraria y lentamente terminó por cerrar sus ojos. Si su amigo quería conocer a aquella mujer, podría cumplir con su petición sin ningún problema.

-Pero, creo que te agradará, a final de cuentas es lo suficientemente interesante como para que yo tenga mi interés en ella, Enkidu.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 6:56 pm

Viró su atención hacia la mano que estaba siendo extendida hacia él, no dudó mucho antes de llevar a su vez su mano hacia la del otro, apoyándola en ella con una calmada sonrisa.

Cierto era, había muerto milenios atrás, cuando las ciudades acababan de nacer, cuando las personas, ingenuas, aún confiaban en los Dioses omnipotentes y caprichosos, rechazando en cambio a Gilgamesh, un ser demasiado complicado para simplemente caer en el error de infravalorarlo. Era un rey, si era egoísta y caprichoso, en parte era debido también a sus ciudadanos quienes, asustados, le habían permitido todo tipo de capricho.

¿Cabello castaño y menos estatura? —Inquirió repitiendo sus palabras. Levantó su verdosa mirada hasta la carmín ajena y sonrió. Con una pequeña diferencia a antes, su metabolismo cambió, se volvió ligeramente más bajo, su cabello, al igual que sus ojos, tomaron un castaño color, pero en sus labios permaneció inmutable la sonrisa— ¿así? —Terminó riendo, inocente.

En un parpadeo volvió a su forma original, la de un muchacho algo afeminado, de largo cabello verdoso, en aquella ocasión amarrado a una cola alta, de profundos ojos color esmeralda. No solía encontrar gratificante el imitar otras cosas, otras personas, se consideraría, irónicamente, una copia barata. Pero al instante, aunque fuese solo para mostrarle a Gilgamesh, cedió a ello.

Rió en bajo, divertido y al final, avanzó unos cuantos pasos al frente, levantando ambos brazos hacia el cielo para poder estirarse, soltando un ligero y silencioso quejido en cuanto notó los músculos bajo su piel tensarse. Sí, eso si tenía músculos bajo su piel, pero sangre, al menos una vez sí la tuvo en sus venas. Cuando estuvo conforme pero, juntó ambas manos detrás de su espalda, volteando en dirección a Gilgamesh con una sonrisa de oreja a oreja.

Que él dijese aquello… Era sin duda alguna casi un milagro. Nunca lo había escuchado decir algo parecido, por muy dispuesto que hubiese estado en el pasado por admitir la fuerza de un ser— Normalmente es más fácil que algunas personas me agraden más a mi que a ti... Así que, si tu Master te agrada, estoy seguro de que me agradará también —De alguna forma, su lógica tenía algo de fundamento, no era tan descabellada como uno podía pensarlo.

Al final pero, volteó del todo hacia Gilgamesh, sin borrar aquella sonrisa de sus labios. Prefería sin lugar a dudas los bosques a las ciudades, pero, también era una verdad innegable que quería pasar tiempo con su querido amigo que hacía milenios no veía— Voy a acompañarte como en los viejos tiempos, Gil... ¿Donde te gustaría ir? —Y claramente, desconocía lo necesario de esa época como para moverse por cuenta propia, así que, comos siempre, iba a confiar en el buen gusto del rey de reyes.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Gilgamesh el Jue Jul 05, 2018 7:00 pm

-La evidente diferencia es que ella es una mujer. Veo que sigues haciendo eso a pesar de los años, siempre me causó gracia el ver cómo podías imitar a la perfección la apariencia de cualquier ser vivo, sea hombre o animal, a final de cuentas no podría esperar menos de una creación de los dioses basada en la misma naturaleza, mi amigo.

Palabras verdaderas salieron de su boca en ese preciso momento, ciertamente había disfrutado de aquella imitación, debía de admitir que físicamente en aquel momento era prácticamente igual a su Master. Lo cual causó que de él se escapara una pequeña risa en señal de diversión. Se divertía, Gilgamesh realmente se divertía. Pero no era la diversión que le causaba algo como una pelea contra su mejor amigo o el poder degustar de una buena bebida. Por primera vez en mucho tiempo él estaba riendo de una manera que no tenía precedentes. Sin embargo aquello le agradaba y sin más se adelantó un poco a su amigo solo para gira la cabeza para regresar a verlo por unos momentos. Mantenía una sonrisa de lado a lado en su rostro. Todo aquello era un momento que no sería capaz de olvidar. Uno de muchos que compartiría a su lado. La historia se reescribe milenios más tarde, las ciudades no estaban apenas naciendo sino que yacían en su apogeo, eran ellos los que llevaban las memorias del pasado al tiempo actual. Un vínculo que ni la muerte pudo romper. Memorias talladas en piedras escritas para la eternidad, divino tesoro que era la vida que les había sido otorgada a ambos.

-Creo que te equivocas en ese sentido mi amigo, tú eres demasiado blando y amable con los seres vivos, los humanos no son la excepción, recuerdo que me insistías en que buscara algo bueno en ellos para amarlos... y finalmente mi corazón tuvo lugar para mi pueblo y mi gente, es irónico que digas que digas eso cuando tú fuiste el que me hizo encontrar una razón para amar la humanidad a pesar de lo insolentes que puedan ser, sin embargo, ahora que lo mencionas... más que ir a un lugar, hay algo que me gustaría hacer contigo.

Sin esperar más, se giró hacia él y tomó asiento en el suelo, con un pequeño gesto de su mano le invitaba a que tomase asiento con él. Posteriormente a la altura de su pecho se formó uno de sus portales de Gate of Babylon y del mismo comenzó a salir una jarra completamente hecha de oro, cuando la misma salió en su totalidad, se podía apreciar que la misma estaba llena de vino. Aquella bebida que había sido considerada la mejor de toda babilonia, tendría el gusto de ser partícipe en aquella reunión entre dos amigos que quedaría marcada para la eternidad. Tomó la jarra con una de sus manos y lentamente depositó la misma en el suelo de tal manera que no se cayera. El portal no desapareció sino que Gilgamesh colocó su mano libre debajo de éste y del mismo salieron dos copas hechas del mismo material que la jarra.


-Tú y yo debemos celebrar nuestra reunión, tal y como en los viejos tiempos mi amigo, tómate una copa a mi lado.

Fue la petición del Rey que sin aviso previo lanzó con suavidad una de las copas hacia su amigo, era un lanzamiento lento para que el mismo pudiera atrapar aquel objeto sin ninguna complicación. Después llevó su propia copa hasta la jarra y sirvió un poco de vino en la misma, sin embargo no lo tomó, sino que solo alzó un poco aquel dorado objeto que ahora estaba lleno de tan deliciosa bebida. Estaba proponiendo brindar por ambos, por la historia que habían tenido, por la segunda oportunidad que se les había dado, pero lo más importante, porque a pesar de todo, seguían siendo amigos.

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Re: The beauty of the world [Priv.]

Mensaje por Enkidu el Jue Jul 05, 2018 7:01 pm

Podría convertirme en mujer. De hecho, realmente no tendría una forma humana, solo copié a Shamhat, pero en un género opuesto al suyo —Y, eventualmente fue lo único que pudo copiar, tanto que al final había adoptado aquella forma como la propia. Y había pasado tantas aventuras y desgracias así… Que básicamente había comenzado a creer que había nacido con aquella apariencia, tal y como los niños nacían de los vientres de sus madres. El era diferente, lo sabía bien, pero no por ello iba a sentir tristeza.

Avanzó por cuenta propia, pero al final, frenó sus pasos en seco, dio media vuelta y encaró al rey de héroes con calma, sus ojos verde como el mismo prado, perdidos en los rojos ajenos. Así que era él quién le hablaba de ello ahora ¿eh? Cerró sus ojos, rió en bajo, nada demasiado escandaloso o llamativo, solo una suave risa que terminó muriendo al cabo de escasos segundos. Quizás, solo quizás, incluso Gilgamesh, su más grande enemigo y mejor amigo, había cambiado debido a los años pasados.

No los odio, amigo mío. Sigo amando la humanidad tanto como el primer día, a pesar de sus errores y fracasos —Admitió— pero, ellos mismos se sienten separados de la naturaleza, no compartimos el mismo camino. Los animales y las plantas son seres más parecidos a mi —No seguiría, al menos por ahora, el camino de los humanos, no por el momento.

Pero aun así, las palabras de Gilgamesh le causaron gracia suficiente— Oh, amigo mío, no te engañes —Avanzó un paso hacia él, su cabeza se balanceó hacia un costado con suavidad— tu corazón era amable incluso antes de conocerme. Probablemente solo te dejaste influenciar, pero desde el principio me di cuenta que, a tu manera, luchabas y protegías a tu pueblo —Esa, al menos para él, era una verdad indudable. Cerró sus ojos, dejó que una suave brisa balanceara hacia atrás sus verdosos cabellos.

Y a pesar de ello, eras un rey tirano para los demás. Y me pregunto si ahora sigues el mismo camino. A las personas les asusta la tiranía, las pondrás incómodas —Y sabía, quizás a ciencia cierta, que deliberadamente Gilgamesh ignoraría su consejo, pero no lo culpaba. Un rey tiránico y arrogante, eso había siempre sido, eso siempre será. Pero, nada de todo aquello le había impedido en su momento hacerse amigos, seguir siéndolo a pesar del tiempo que había pasado, miles y miles de años.

Pero aun así, parpadeó con cierta curiosidad al verle sentado en el suelo y, usando sus habilidades, sacar lo que parecía ser una jarra de vino y copas. Entonces si, soltó una carcajada que sonó inhumana y avanzó, atrapando la copa sin demasiada dificultad con una mano y, sosteniéndola, se sentó en el suelo, delante del otro, cruzando sus piernas en una posición al menos para él cómoda. Imitó los gestos de Gilgamesh, tomó la jarra y se sirvió una vino, no podía pues quejarse, por su culpa le gustaba también, nuevamente por su culpa, no le gustaría cualquier vino que los humanos le pudiesen ofrecer.

En verdad... Eres bueno juzgando el alcohol por encima de todo —Se mofó un poco, inocente— por tu culpa tengo gustos bastante pretenciosos en cuanto a vino se trate... Quiero decir, imagino que no se podrán comparar los de esta era a lo que tienes de Uruk —Eso siempre y que el vino, a pesar de la era a al que debía de viajar, se mantuviese intacto. Y aun así, levantó su copa, acercándola a la ajena hasta que el tintineo característico del oro al chocar se escuchara— Brindemos... —Musitó— pero ¿por qué podríamos brindar? —Y mantuvo silencio un instante— ¿Por un reencuentro? ¿Nuevas aventuras? ¿Por la historia? ¿Por nuestra amistad? —Sonrió de lado, sus ojos fijos en los ajenos.

¡Ah! ¡Era como una oda reviviendo el pasado! ¡Que emocionante todo aquello!

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